Mitos y realidades de las auroras boreales
Alrededor de la aurora circulan ideas que se repiten de foro en foro y de agencia en agencia. Algunas son medio ciertas, otras directamente falsas, y unas cuantas vienen de leyendas que tienen siglos.
«Hace falta un frío extremo para verlas»
Falso. La aurora se produce a más de 100 km de altura y no tiene nada que ver con la temperatura del suelo. Lo que sí ocurre es que las noches muy frías del interior de Laponia suelen ser noches despejadas, porque el frío intenso viene con altas presiones. De ahí la confusión.
En septiembre, con 5 °C en Tromsø o en Abisko, se ven auroras espléndidas sobre lagos todavía sin hielo.
«Diciembre es el mejor mes»
No necesariamente. Diciembre tiene las noches más largas, pero también mucha nubosidad en la costa noruega y en Islandia. Los meses alrededor de los equinoccios, septiembre-octubre y febrero-marzo, suelen tener algo más de actividad geomagnética y, en muchos destinos, cielos más despejados.
El puente de diciembre es una fecha cómoda para viajar desde España, y puede salir muy bien. Solo conviene saber que no tiene ventaja especial frente a marzo.
«En las fotos se ve igual que en persona»
Solo a veces. La cámara acumula luz durante segundos y capta colores que el ojo no ve en la penumbra. Una aurora débil, a simple vista, parece una nube blanquecina. En noches intensas, sí, el verde y el rosa se ven claramente, y el movimiento es algo que ninguna foto recoge.
Así que no te desanimes si la primera noche lo que ves es grisáceo. Haz una foto y comprueba si es aurora.
«La aurora hace ruido»
Es uno de los mitos más interesantes, porque no es del todo absurdo. Hay relatos antiguos de chasquidos y crujidos durante auroras intensas en Finlandia y Noruega, y algunos investigadores han registrado sonidos en noches de actividad fuerte. Su origen sigue en discusión y no está claro que tengan relación directa con la aurora visible.
Lo que es seguro es que la gran mayoría de las auroras son completamente silenciosas. Si oyes algo, probablemente sea el hielo del lago o tu propio entusiasmo.
«Solo se ve en el Ártico»
En España lo hemos comprobado: en mayo y octubre de 2024 la aurora se fotografió desde el Pirineo y el norte peninsular. Hace falta una tormenta severa o extrema (G4–G5), y aun así suele verse como un resplandor rojo bajo, más en la cámara que con los ojos. Pero ocurrió, y en el pasado también, por ejemplo con la gran aurora de enero de 1938.
Lo que sí es cierto es que, para verla con regularidad, hay que estar cerca del óvalo auroral.
«Con Kp bajo no hay nada que hacer»
En Madrid, sí. En Abisko o en Tromsø, no. Bajo el óvalo, un Kp de 2 o 3 da con frecuencia auroras preciosas sobre la cabeza. El Kp alto importa cuando estás lejos del óvalo; cerca de él importan mucho más las nubes.
«Las auroras de 2024 se vieron igual en toda España»
Tampoco. En mayo de 2024 hubo zonas con cielo cubierto y otras despejadas, y la diferencia entre un pueblo del Pirineo y el centro de una ciudad fue enorme. Muchas de las fotos más espectaculares que circularon en redes se tomaron con exposiciones de varios segundos o con el modo noche del móvil, que realza el rojo.
Quien estaba en un sitio oscuro, con el norte despejado, sí pudo ver a simple vista un resplandor rosado y, en algunos momentos, rayos verticales. Pero nada parecido a las cortinas verdes de Laponia.
Leyendas reales del norte
En Finlandia, la aurora se llama revontulet, «fuegos del zorro». Según la leyenda, un zorro ártico corría por las montañas y, al rozar la nieve con la cola, lanzaba chispas al cielo. Es uno de los nombres más bonitos que tiene la aurora en cualquier idioma.
Entre los sámi, el pueblo indígena de Laponia, la aurora se trataba con respeto y cierta cautela. Una tradición extendida dice que no se debe silbar, cantar ni hacer gestos hacia ella, porque podría bajar y llevarse a quien la provoca. Muchos sámi siguen sin hablar a la ligera de ella.
En la Europa medieval, en cambio, las auroras rojas que alcanzaban latitudes bajas se interpretaban a menudo como presagio de guerras o desgracias. Algo de eso hubo en 1938, cuando muchos europeos vieron un cielo rojo meses antes de la Segunda Guerra Mundial.
«Si hay aurora, la previsión lo dirá con días de antelación»
Solo en parte. Las CME se ven salir del Sol con uno a tres días de antelación, pero la hora de llegada y la intensidad tienen un margen enorme. La certeza real llega en la última hora, cuando los satélites miden el viento solar. Por eso es mejor viajar varias noches que apostar todo a una.
Preguntas frecuentes
¿Es verdad que en Japón creen que concebir bajo la aurora trae suerte? Es una historia muy repetida en artículos de viajes, pero no hay pruebas sólidas de que sea una tradición real. Mejor tomarla como anécdota.
¿La aurora es peligrosa? Para quien la mira, no. Las tormentas geomagnéticas pueden afectar a satélites, al GPS o a redes eléctricas, pero en tierra no hay ningún riesgo para la salud.
¿Hay auroras en verano? Sí, la actividad existe todo el año, pero en el Ártico el sol de medianoche impide verlas entre mayo y agosto.
¿Se ven auroras en otros planetas? Sí. Júpiter, Saturno y Urano tienen auroras, observadas por telescopios espaciales sobre todo en ultravioleta. Marte también tiene auroras, aunque de tipo distinto.
Última revisión: 16 de octubre de 2026